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Un sistema de dominación más perfeccionado
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martes 03 de marzo de 2020
La humanidad se enfrenta a un sistema capitalista que la somete con nuevos métodos. ¿Qué son hoy el emprendedorismo, la capacitación permanente, las redes sociales virtuales y hasta el ocio, sino instrumentos del vértigo consumista y productivista?
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Por Ariel Vittor
El capitalismo ha mutado y ya no es el mismo que Karl Marx estudiara a mediados del siglo XIX. Sus formas de dominación se han perfeccionado y refinado. En la saga cinematográfica Matrix, de la dupla de las hermanas Wachowski, se aludía a un sistema de poder con similares capacidades de regeneración para perpetuar su imperio. ¿Se encamina acaso la humanidad hacia un futuro análogo al que esas películas planteaban?

El capitalismo ha logrado conquistar el último bastión de los trabajadores: su interioridad. Ya no hay adentro y afuera, no hay espacio que no haya ocupado un sistema social basado en el consumismo y la alienación. El enemigo ya no es externo sino interno. El patrón ya no es un señor grave que se pasea cerca de los trabajadores con un cronómetro en la mano, como ocurría en tiempos de la revolución industrial decimonónica. Ahora se desplaza a sus anchas en el interior del sujeto, atormentándolo sin descanso con la imposición de metas productivas incumplibles.

El emprendedorismo es el dispositivo más perfecto con el que opera este sistema social. Al des-empleado se le aconseja que se levante, se empodere y se ponga a fabricar y vender algo, ceniceros de terracota por ejemplo, con lo cual pronto habrá de convertirse en un acaudalado capitalista más. En este sistema, quien no se convierte en un rico empresario es simplemente porque no se lo propuso. La invisibilidad de la dominación hace que no haya a quién culpar, por lo que cada uno es obligado a hacerse responsable de todas sus desdichas. Los desocupados lo están por su propia culpa. El capitalismo no acepta ser enjuiciado.
Los proyectos laborales a corto plazo reemplazan la identidad laboral de los trabajadores. Disfrazada de oportunidades de desarrollo personal y profesional, una nueva forma de explotación mu-cho más salvaje que las anteriores se impone.

Con la capacitación permanente como estandarte, las corporaciones suben a sus empleados a una cinta de correr sin fin, obligándolos a tomar por ejemplo cursos de informática y relaciones públicas, mientras sus gerentes revisan planillas de cálculo para despedir a los que puedan y reducir así sus costos laborales. Las universidades imponen una similar e interminable carrera de títulos que no lleva a ninguna parte, y cuyo único objetivo es que los corredores sigan corriendo, de ser posible flagelándose por no haber hecho el último posgrado promocionado.

Obviamente, todo enchufado a esta Matrix desemboca en la ansiedad y la depresión. Para quienes las sufren, hay una gama de refinados psicotrópicos que alteran los procesos neuronales. De este modo, una taimada ingeniería social se presenta como desajuste biológico solucionable a través de pastillas.
Ni siquiera la lectura, antaño piedra angular de un ocio que permitía refugiarse del vértigo productivista, ha permanecido inmune a la competencia y el rendimiento. De ello dan prueba los in-contables retos, maratones y desafíos de lectura, organizados a partir de la lógica de vencer, a veces a otros, pero especialmente a uno mismo.

Con las series televisivas sucede lo mismo. Sus seguidores las consumen por atracones de capítulos, buscando con impaciencia un desenlace sobre el que poco se reflexiona, porque el frenesí audiovisual impone pasar a la siguiente serie.

El sujeto es obligado a demostrar que está activo. Para ello se le provee de las redes sociales virtuales, en las que podrá publicar las fotografías de su actividad, demostrando así la felicidad de su adaptación al insano vértigo universal. Esta guerra de imágenes de todos contra todos reinstala al homo hominis lupus de Thomas Hobbes bajo la forma de la competencia y el exhibicionismo. Las reuniones sociales devienen torneos en los que pronto se compara quién posee los mejores automóviles y celulares, quién pescó la mejor oferta de supermercado y quién hizo las vacaciones más exóticas. Ya no se hace turismo para conocer lo diferente, sino para mostrar a través de las redes sociales en qué parajes se estuvo.

Este refinado capitalismo inocula ansiedad antes que miedo. En tanto que el miedo se orienta hacia algo concreto, la ansiedad siempre es difusa. Mediante la introyección de la culpa, el sistema capitalista consigue que el sujeto prefiera agredirse a sí mismo antes que denunciar lo que el sistema le hace. Atontado mediante pantallas, el ser humano asiste con pasividad a la dilución de su vínculo con la palabra, perdiendo progresivamente sus capacidades para dar cuenta de sus propias condiciones de existencia.

Esta Matrix es vertiginosa, dictatorial y abrumadora por definición. Sus enemigos son la pausa, el descanso, la reflexión, el apartamiento. Sólo a través de ellos tiene el sujeto alguna posibilidad de hacer algo para vivir una vida más auténtica. De allí que se lo tiente con múltiples ocupaciones y entretenimientos. Nada enfurece más a quien está cooptado por el sistema que un corte en su ser-vicio de contenidos audiovisuales por demanda.

Este sistema social busca eliminar el conflicto de la vida humana, porque su resolución demanda energía. Dice el filósofo Byung Chul Han: “la actual cultura del rendimiento y la optimización no tolera que se invierta trabajo en un conflicto, pues tal trabajo requiere mucho tiempo.”  El capitalismo ni por asomo tolera que la energía humana se emplee en otra cosa que no sea la productividad económica o el ocio funcional al sistema.

El psicólogo Rollo May afirmaba que la ansiedad puede abrir paso a la creatividad y la acción. “La ansiedad quiere decir que hay un mundo afuera que está tocando a tu puerta. Necesitas crear, necesitas hacer algo.”  Al elegir una existencia sin conflictos, el ser humano elude el potencial creador de la ansiedad, quedando así a merced de la enajenación y la dominación.



1 Han, Byung-Chul: La expulsión de lo distinto, Buenos Aires, Herder, 2019, p. 44.
2 May, Rollo: entrevista en Thinking alllowed, disponible en https://youtu.be/Hud04mV8Xt0.

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